
Antes de narrar el suceso que le tocó vivir a Horacio Losito, en las islas Malvinas, quiero citar una editorial del diaro La Nación:"Si el camino elegido es juzgar y no seguir senderos de reconciliación, juzguemos a todos los culpables, sin recurrir a argumentos insostenibles que agravian la equidad, la justicia y la verdad histórica y menosprecian la elevada misión del Poder Judicial".
El hoy coronel Horacio Losito se desempeñó en Malvinas como segundo jefe de la 1ra sección de la Compañía de Comandos 602. Luego del conflicto se graduó de oficial de Estado Mayor y entre otros destinos, fue jefe del Regimiento Infantería 6, jefe de operaciones de la Brigada Mecanizada X.También fue subdirector de la Escuela de Oficiales Sargento Cabral. Está casado con Cristina Mauriño y es padre de 5 hijos. En 2003 fue destinado como Agregado Militar en Roma. De allí regresa voluntariamente, para prestarse a declarar en la Causa del regimiento de Infantería 9, donde se lo imputa en supuestas violaciones a los derechos humanos. El 5 de febrero comenzó el juicio oral en el Tribunal de Corrintes, y permanece detenido hasta la pronunciación de la sentencia, en la Unidad 7,-una prisión de máxima seguridad-, donde están alojados los presos conocidos con el apodo de los "12 apóstoles, que años atrás fueron protagonistas de una rebelión en la prisión de Sierra Chica.
A casi 26 años de la guerra , los restos de Top Malo-un puesto ovejero- situado en la isla Soledad es sólo un puñado de ruinas. Pero, una hebilla oxidada, un trozo de ladrillo, una botella de vidrio fundida por el fuego, que atesora el entonces teniente 1º Losito, son algunos de los elementos que quedaron del duro combate entre el Cuadro para la guerra y el Ártico de Comandos Británicos(ME AWC) y un grupo de comandos argentinos de la Compañía 602. En 1999, el coronel Losito narró en el libro Así Peleamos Malvinas, Testimonios de veteranos del Ejército el episodio, que a sangre y fuego, quedó grabado en la historia malvinera y en la vida de los integrantes de esa Sección.
"Todo comenzó en la noche del viernes 28, cuando el capitán José Vercesi, jefe de la 1ra sección, recibió la orden de ejecutar una exploración de 40 kilómetros, para informar sobre las actividades de los británicos que habían desembarcado el 21 de mayo, y de los cúales se sabía poco y nada.La realidad nos golpeó bruscamente cuando el mayor Mario Castagneto, jefe de la veterana Compañía 601, a las pocas horas de arribar a las islas, nos impuso acerca de cúal era la verdad. Por supuesto, nada iba a ser fácil.Con ese panorama de contradiciones, confusión comenzamos a planificar la misión. Todo lo hicimos a oscuras. Con evidencias de un particular cansancio, producto de las tensiones vividas en los últimos días y con falta de sueño, los hombres de la Sección, reforzados con suboficilaes apuntadores de misiles Blow-Pipe, un enfermero y el sargento 1ro Helguero de la 601", se alistaron para la salida." Partimos a poco de amanecer en dos helicópteros"peinando las formas del terreno para evitar radares y armas, y tratando de familiarizarnos con el recorrido, en prevensión de tener que volver a pie".
Desembarcaron a pocos kilómetros del monte Simon-un cerro de gran altura- que según estudios realizados, por el geólogo argentino Eduardo Bellossi en 1987, pertenece a la era palezoica superior y se caracteriza por tener afloraciones de 100 metros de diamictitas-depósitos de fósiles-, de color pardo verdoso a castaño amarillento o rojizo. Pero los Comandos no se imaginaron que a escasos metros estaba el campamento del enemigo, situado en Teal Intel Settlement, cuyo jefe era el brigadier Julian Thompson ."Cuando se alejaron los helicópteros una extraña sensación nos envolvió. Un silencio tajante contrastaba con el ruido ensordecedor de los motores.Estábamos en terreno de nadie, a mitad de camino entre la cabeza de playa de los brtitánicos y nuestras posiciones lejos de cualquier ayuda , confiando solamente en la propia capacidad y creyendo ciegamente en el camarada", contó Losito.
"Luego de una marcha forzada,en las proximidades de la cima del monte lugar desde el cual se podía observar con mayor precisión. A las pocas horas, divisamos un corredor aéreo de helicópteros enemigos que transporta externamente cañones y bultos en grandes cantidades. Volaban en dirección general la línea San Carlos - Puerto Argentino.Intentamos informar lo que veíamos, aplicando todos los conocimientos de comunicaciones a nuestro alcance sin éxito. La interferencia era enorme y no queríamos mantener prendido el equipo durante mucho tiempo para evitar ser detectados" Sin embargo, en uno de los intentos lograron escuchar los partes que trasmitían las otras Secciones de las Companías, de esta manera, conocieron los resultados del combate en Monte Kent, donde la otra sección de la 602 se senfrentaba con el escuadrón D del SAS y con los hombres del Comando inglés 42. El saldo fue negativo. Murieron el teniente 1ro Rubén Marquez, el sargento 1ro Oscar Blas, y el el sargento 1ro Raimundo Viltes recibió heridas, que le produjeron la amputación del pie derecho".
"El 30 de mayo de 1982 amaneció frío pero soleado.A media mañana, el capitan resolvió desplazarnos hacia Fitz Roy-a unos 20 kilómetros del lugar, através del cordón del Rivadavia. El objetivo era conectarnos con una sección de Ingenieros y desde allí poder trasmitir nuestros informes. Comenzamos la marcha sobrecargados, porque aparte del equipo propio, transportábamos armamento y munición de un depósito que había instalado la Compañía 601.El desplazamiento sobre la turba se hizo muy dificultoso y agobiante", describió el joven joven oficial.
Ante la posibilidad de pasar otra noche gélida y mojados, decidieron hacer un alto en un sitio que el mapa describía como una elevación, pero estaba del otro lado del arroyo Malo, Su nombre: Top Malo House (la casa de alto)."Luego de cruzar el arroyo de agua helada y torrentosa-donde algunos de nosotros caímos al resbalar en el verdín de las piedras del lecho- abordamos la casa con técnicas apropiadas para el caso, en previsión de que estuviera ocupada por el enemigo.Nuestra sección se dividió en dos grupos: uno ocupó el piso superior y el otro, la planta baja. Sabíamos que el estar dentro de la casa no ofrecía seguridad, pero existía una real necesidad de recuperarnos y secar el equipo para poder enfrentar con éxito las futuras exigencias. La decisión que se adoptó al dilema planteado la pagaríamos con sangre horas más tardes...."

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